Del 27 de mayo al 4 de julio de 2026.
Inauguración: miércoles 27 de mayo a las 20:00h.
«Podría hablar, una vez más, de la fugacidad de las imágenes en la contemporaneidad y del problemático déficit de atención en el arte. No voy a decir que esto sea un acto de resistencia, pero es imposible no ver que la obra de Alberto Montes no está hecha desde la inmediatez o desde el impacto. No se trata de imágenes que se entregan rápido, ni de un paisaje entendido como excusa. Es necesaria una detención, un paseo lento por el cuadro y mirarlo de la misma manera que está hecho. Hay un gesto de aproximación insistente, una forma de (re)mirar el entorno hasta que aquello aparentemente secundario comienza a adquirir una intensidad subcutánea. Su pintura resulta de un ejercicio de observación profunda antes que de la mera contemplación. Contemplar apacigua y calma; observar, en cambio, señala, concentra y estrecha el campo visual desde lo analítico, no con una pretensión académica, sino por un interés humano.
Desde este prisma, Montes construye sus cuadros como investigaciones sensibles sobre su paisaje inmediato y la posibilidad de un descubrimiento continuo. Aunque exista algo de método, la intuición pictórica, la búsqueda y la experiencia directa son las que marcan la topografía del cuadro. Ese paisaje sirve como aglutinante de su trabajo, pero la aproximación hacia este nace de entenderlo como un territorio vivo de relaciones: entre lo vegetal y lo animal, lo mineral y lo orgánico, el recuerdo individual y la biografía colectiva. Las imágenes parecen surgir desde abajo, desde la tierra misma, como si la pintura todavía conservara algo del sedimento del que procede.
Hay una atención particular hacia aquello que sobrevive en los márgenes periurbanos de un pueblo: plantas entre el alquitrán y brotes que emergen del cemento, elementos que continúan creciendo a pesar de la dureza de lo construido. No son tratados por el pintor como “malas hierbas”; estos detalles dentro del urbanismo rural son revelados como espacios de fricción donde la naturaleza resiste adaptándose a luces extrañas y falsos calores.»
Eladio Aguilera