
Del 25 de febrero al 25 de marzo de 2026.
Inauguración: miércoles 25 de febrero a las 20:00h.
«Cuando utilizo un hilo, es una línea en el espacio»
Paz Pérez Ramos
Es lógico y apropiado referirse a los materiales y a las técnicas cuando hablamos de artes visuales. En la obra de Paz Pérez Ramos solemos hablar de la luz, del color, pero en esta exposición la protagonista es la lona, aunque no será la única. La revisión que la propia artista hace hoy de su trabajo realizado en los años noventa —su segunda etapa textil— es una oportunidad para volver a mirar, para poner contexto, para entender no solo estas piezas sino también todo lo que vendrá en su posterior producción. Porque, más allá de las técnicas o de los intereses formales, hay algo fundamental que no podemos dejar de atender: la carga autobiográfica que Paz deposita en cada uno de sus trabajos.
En Paz Pérez Ramos, el material no es un soporte neutro sino elemento intrínseco de su discurso. Tras una primera etapa textil en los años ochenta, donde predominó el uso del yute, el sisal —fibra de la pita—, el lino y la lana, la década de los noventa abre paso al algodón natural. Ese cambio no es solo técnico, también es biográfico; la lana, por ejemplo, está ligada a historias como aquel viaje a Marruecos con Roberto y el encuentro con mujeres bereberes que vendían lana natural, comprada con la intención de tejer mantas para sus hijos; un viaje que supuso el punto de partida de su carrera artística. Sería la artista Chonín Navarro quien le enseñara a tejer y a hacer tapices, formato que Paz trabajó durante diez años.
A partir de los años noventa, la lona de algodón inaugura otra etapa, otras historias que narrar. Esta muestra nos invita a mirar de nuevo esas piezas y a repensar nuestras ideas sobre ellas. Sabemos que la luz es fundamental en su trabajo, pero esa fascinación viene de muy atrás, de la infancia, de aquel trayecto que realizaba por el barrio de Santa Cruz de Sevilla entre su colegio y su lugar de juegos: los jardines de Murillo. Fragmentos de paredes blancas iluminadas por aquellas estrechas calles eran observadas con fascinación por aquella niña que, de alguna manera, nunca olvidó la luz de su barrio.
En el recorrido de la muestra, observamos una pieza que es la de mayor dimensión, realizada en 1999 y que podría entenderse como una obra de transición a nivel formal. En su etapa anterior, los grandes tapices que Paz había realizado exigían un enorme esfuerzo físico; ella misma dice que «su cabeza era más rápida que sus manos». En esta obra aparecen un gran número de tiras de lona cosidas una a una que, con el paso de los años, han ido adquiriendo una suerte de rizos. La materia, por su cualidad orgánica, ha ido transformándose: el tiempo también trabaja sobre la obra, la modifica, la reescribe.
Una serie de piezas de formato 20×20 cm, bordadas con fibra de pita y realizadas entre 1991 y 1992, supone un momento decisivo para la autora en el modo de enfocar su propia producción. Al enmarcarlas, se percató de que el soporte de lona se alzaba por las esquinas debido a la tensión producida por la trama del tejido. Esta circunstancia, que a priori podría parecer un problema, se convirtió para ella en un punto de interés. Aquella tridimensionalidad inesperada hizo que las obras adquirieran un nuevo valor al observar el comportamiento de la luz sobre el relieve.
Algo similar ocurre en otra serie de piezas del mismo formato y realizadas en los mismos años, aunque en este caso no emplea fibra de pita, sino que realiza un laborioso trabajo en volumen con el tejido. En ambos conjuntos, la lona industrial —tensada por su propia naturaleza— deja de funcionar como mero soporte para convertirse en motivo plástico, un campo donde estudiar cómo la materia se eleva y cómo la luz revela sus formas. Sin embargo, Paz siempre cuidará el uso del algodón natural y exento de tintes en las incorporaciones que realiza sobre el soporte.
Este comportamiento se percibe también en el díptico de collage realizado en 1997 donde vemos gran cantidad de pequeños fragmentos de lona adheridos al soporte que se elevan ligeramente. Y es que en este momento aparece otro elemento importante: la repetición. Para Paz, este proceso mantiene una analogía con la naturaleza, mencionando que «incluso las olas del mar nunca son iguales unas a otras, o los granos de arena. Algo que se da en la creación natural, ya sean vivientes o no vivientes. Somos individuos únicos». La repetición como parte estructural se mantiene en su producción hasta el año 2022 cuando, en su proyecto Resurgir, la propia materialidad y discurso requerían de otro modo de abordar técnicamente las piezas.
Otra serie de obras realizadas entre 1991 y 1998 se basa en el lenguaje expresivo de la materia a través de la costura con pliegues estructurados mediante pinzas horizontales y verticales. Una costura que deja de ser funcional para crear lo que la artista denomina «grafismos de luz». En esta etapa, el color prácticamente desaparece. Tras haber experimentado con él, se decanta por el blanco, que permite a la luz construir la obra sin interferencias.
Aunque esta exposición se centra en los años noventa, Paz ha seguido trabajando con la lona posteriormente. En 2001 realiza una pieza en la que hilos de cobre atraviesan el tejido; en el centro aparece una vena sobre la que ha ido pasando un hilo de cobre. Cuando el hilo entra y sale de la lona, se establece una lucha de fuerzas «porque el hilo, con su debilidad, empuja al algodón».
Más adelante, en 2020, encontramos una pieza basada en la observación de la obra de Piero Manzoni que realizó como parte de un proyecto de la galería Rafael Ortiz titulada A la manera de, donde los artistas participantes realizan obras inspiradas en técnicas y estéticas de otros artistas. El recorrido concluye con dos piezas muy recientes, de 2025 y 2026, en las que de nuevo se hace presente su respeto por la naturaleza a través del uso de materiales reciclados. El cobre de cable cose su pasado con su actualidad, lo orgánico y lo geométrico. Una pieza evoca un antiguo corsé antiguo mediante la costura de pinzas y una espiral que deja sus cabos libres, aludiendo a lo femenino; la otra recuerda a un vaso sanguíneo, a la raíz. Los hilos de cobre se despliegan y se introducen dentro de la lona para establecer puntos de anclaje de una manera tremendamente sutil.
El blanco sigue siendo protagonista por ese grafismo de luz que define a la artista y que, a su vez, alude a los pueblos blancos andaluces y a ese paisaje urbano bañado de sol —Paz y luz; no es casualidad, sino destino—. Sin embargo, en estos años también investigó con el color, analizando la diferencia del comportamiento de la luz sobre los paños blancos y sobre los paños coloreados. En su última gran serie, Resurgir, nos mostró cómo el valor de los materiales como medio de expresión y transmisión de ideas es, hasta el día de hoy, una constante en su trabajo. Nunca en Paz Pérez Ramos las cosas se hacen sin motivo; más allá de la importancia de sus técnicas, debemos detenernos en las historias que nos cuentan. En su trabajo, su voz es la que organiza todos los componentes. Y es tras escucharla cuando la obra alcanza otra magnitud.
María Arregui Montero