Exposición: “Y de porcelanas, todas vivas” Autor: Javier Valverde Del 25 de enero al 8 de marzo 2025 ver más Inauguración 25 de enero a las 12:00 Pintura 95 2010 Óleo sobre lienzo 97 x 146 cm. Pintura 115 2013 Rotulador y oleo sobre lienzo 46 x 38 cm.

artista de la exposición

detalles de la exposición

 

Javier Valverde

«Y de porcelana, todas vivas»

Del 23 de enero al 8 de marzo de 2025.

Inauguración: sábado 25 de enero a las 12:00 h.

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DESCENSO AL JARDÍN.

 

La colección de pinturas que voy presentar en este texto pertenece a Javier Valverde, mi hermano. Es por ello que intentaré acercarme a su trabajo desde la honestidad, el cariño y la poca educación que dos compañeros de vida deben tenerse si se llevan moderadamente bien o saludablemente mal, según se mire. Por lo que asumo con gran ánimo la misión de abrir la puerta de su estudio sin pedir permiso. Espero que este allanamiento que estoy a punto de perpetrar me sea disculpado. En mi defensa, confesaré que este acto delictivo se nutre de una curiosidad injusta, una confianza desmedida y el poco respeto que dan los años.

 

Ojalá, como si fuera un Robert Walser Santa Paula, halle el acontecimiento en el camino; una llave que revele estancias desconocidas e inhóspitas, pero espero — y permitidme la broma— no tan profundas como la que encontró aquella campesina sin nombre, valiente y desobediente esposa en el gabinete secreto de su marido. Aunque, si lo pienso bien, entre coleccionistas anda la cosa. No tengo ni idea de hacia dónde me llevará este texto, tampoco estoy seguro de querer ver que esconde el espacio invisible que separa cada uno de los floreros, solo sé que el olor a óleo es intenso y, al igual que en el cuento de Perrault, quiero seguir aprendiendo — aunque sea de pintura— gracias a la emocionante irresponsabilidad de curiosear en la niebla.

 

PRIMER HALLAZGO: EL RECUERDO DE MI TIA ALICIA Y SUS FLORES DE PORCELANA O MIGA DE PAN. 

 

Recientemente, descubrí el precioso libro Yo estoy en la imagen: ensayos afectivos y ficciones críticas de  Miguel Ángel Hernández. En él, el autor realiza un estudio exhaustivo de diversas obras artísticas que  comparten un elemento común: la importancia de la memoria. En particular, en el análisis de una de las  piezas de los primeros capítulos —una instalación de Concha Martínez Barreto que recopila fotografías  de niños montados a caballo— Hernández comparte una instantánea de su propia infancia y reflexiona  sobre cómo el significado de un objeto memorístico se transforma al ser expuesto. Esta transformación  es palpable, ya que se trata de cómo contextualizamos ese fragmento de memoria: sacar una  fotografía de una caja de zapatos y exhibirla en una instalación dentro de un museo. Me pregunto si esto  es similar a pintar un cuadro basado en un recuerdo: ¿seguirá el recuerdo presente o se desvanecerá con  la décima pincelada.