Próxima Exposición

Carlos Montaño

Para cruzar los siete mares

 

Del 23 de septiembre al 23 de octubre de 2021

El volumen, que el artista capta en la regularidad abstracta de su definición geométrica, viene condicionado por la luz. La luz decide, la luz concreta, la luz crea islotes que emergen del mar que los cubre. Lo que recibe luz amplifica su existencia, lo que se ve privado de ella es empujado a la nada. Y en este, su juego de mares y volúmenes, sitúa Carlos Montaño las obras que ofrece en esta exposición.

 

Cómo siempre, en su trabajo hay perfección y belleza. Todo es exacto y todo es inquietante. La inquietud surge del mar de brumas de la mayoría de los fondos, en ocasiones rutilantes, donde se insertan ramas aceradas, cubos seccionados, pies ofrecidos en fragmentos, cardos poderosos, alambres que recuerdan perchas sin armario, cintas de exacta constatación. Intensidad plástica y singularidad.

 

Cada artista construye su creación con su particular forma de ver, de contar, de englobar la totalidad de su vida. Decía Henry Moore: “El proceso creativo es en cierto modo un proceso secreto. La concepción y la elaboración experimental de una obra de arte es una actividad muy personal. La realidad concreta se ve alterada por la situación en que es percibida”. En esta misma línea, el extraordinario pintor peruano Fernando de Szyszlo escribía: “La meta del pintor no es el cuadro, ni mucho menos la exposición; el cuadro es solamente el testimonio, el despojo que queda de la batalla por expresarse, por comunicar, por emplear la pintura como lo que es: un lenguaje”.

 

Cuando observamos un cuadro estamos observando a su creador. “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos” escribió Borges. En cada obra hay una carga de reflexión creadora que desea ser compartida y que con ese fin se construye. En esta serie, es particularmente importante, sentir y captar los fondos de cada obra. Como Wyeth dibujaba con precisión singular las hierbas sobre las que reptaba Cristina, así Montaño levanta extraordinarios fondos. Fondos ocres, grises, goterones de negro contenido para abrazar formas que hablan de intereses, pasiones y hasta carencias, pero, sobre todo, ilusiones. Elevarse por encima de crisis, levitar. Vivir el tiempo de los delfines, acompañar a los iguales. El cubo como símbolo geométrico de la razón y el conocimiento. Un camino hacia el cielo azul del nuevo otoño y un soltar lastre para subir hacia las nubes blancas.  Como resultado final, un maravilloso sentido del misterio y una formidable construcción pictórica.

 

Los cuadros están realizados sobre telas y tablas con técnica mixta y varían los tamaños. El autor ha querido titular la exposición: “Para cruzar los siete mares”, una forma de continuación intelectual de “Preludio”, su anterior exposición en Birimbao, y de homenaje al mítico número siete tan presente en nuestra cultura.

 

Hubo un momento en que cruzar los siete mares era acercarse a todo el mundo conocido, indagar en todas las culturas existentes y sentirse acariciar por los vientos de todas las naciones. Lo que indudablemente busca Carlos Montaño ahora y siempre.

 

Alberto Hevia.