2012 – 2013

 

Paco Lara-Barranco

Manet, gran escultor

 

Del 2 de noviembre al 5 de diciembre de 2012

Diario de un pintor

Paco Lara-Barranco

 

09.01.2012. Pinté sobre dos cuadros iniciados en 2010. Ni sabría decir en qué mes. Tonos verdosos muy claros (parecidos al techo de un taxi de Portugal, por señalar algo). Remarqué en la tela el interior del bastidor haciendo presión al arrastrar con la espátula: creo que aumenta la sensación de planimetría. Esto es lo que estoy buscando. Pretendo que la pintura tenga el menor relieve posible. Dedicaré esta exposición a Manet (aunque él no lo sepa).

 

10.01.2012. He mirado los dos cuadros de ayer. Con la espátula he barrido un poco los contornos (del perímetro) para que resurja el filo del bastidor. Son las 17:00.

 

21.01.2012. No pinté, pero pensé en los cuadros. Le dije a Paco Sola que la dificultad estaba en “no saber qué pintar”. ¿Hacia dónde debo dirigir los objetivos? Ésta es la cuestión.

 

Días después del 20.02.2012 escribí, en momentos diferentes:

 

Como la vida, la pintura se debate en un balance entre el azar y el control. Puede ser construida con colores tomados al azar, siguiendo un orden previamente determinado, ser abstracta o figurativa no es lo fundamental… hay tantas formas de abordarla.

El camino como pintor ha de ser persistente, su resistencia debe ser continua si lo que se pretende es el hallazgo de algo nuevo. Lo que busco, verdaderamente, con la pintura es acercarme a la belleza. Un tipo de belleza liberada de todo condicionamiento exterior: aquello que sea capaz de tocar el alma. Admiro a Mark Rothko porque es sublime y logra, con su pintura, lo indicado en la frase anterior. El espectador, literalmente, puede salir de su cuerpo cuando está delante de “un Rothko”.

Me deslumbra Gustave Courbet (El origen del mundo), me hacen pensar René Magritte (Ceci n`ést pas une pipe), y Edouard Manet (Desayuno sobre la hierba). Manet fue precursor de la pintura moderna, pretendió una pintura alejada de la “fuga clásica” (determinada por la perspectiva cónica). En muchas de sus obras, la pared pintada detrás de los personajes (La ejecución de Maximiliano) y la vegetación muy poblada (Desayuno…), niegan la ilusión que proporciona la representación en perspectiva. En cierto sentido, creo que fue un “gran escultor” porque pretendía hablar de la realidad del cuadro antes que de la imagen representada. Esto hizo que entendiera la pintura como objeto. Y cuando el cuadro es un objeto, éste se vuelve tridimensional antes que bidimensional. Es entonces cuando, lo que se ve en la superficie es realidad en sí misma.

Dada la trascendencia de lo anterior para la evolución de la pintura, he pretendido continuar en la senda de lo iniciado por este maestro de la pintura moderna: he buscado que mis pinturas sean “objeto”, con la intención última de que al ser contempladas se pueda decir: “lo que veo es lo que veo y no otra cosa”. Quiero que el color se muestre de un modo autónomo, en la saturación, tono y matiz, y en la forma abierta que adquiere sobre la superficie –si bien en algunos casos, la resultante pueda aludir a formas que sugieren nubes (cuando los trazos han descrito curvas), paisajes (cuando la superficie del lienzo es dividida en dos planos por una línea horizontal). Por esta intención, investigo acerca del lenguaje de la propia pintura. La pintura tiene que expresar las cualidades físicas que la definen: pigmentación, pastosidad, planimetría, olor, untuosidad –entre otros rasgos. Ha de ser presencia, puesta ante el espectador sin artificio alguno. Cuando la pintura habla por sí sola puede conectar con nuestros sentidos, con nuestra alma. Creo, ciertamente, que el arte por el arte, sin tema, es otro modo de obtener del ser humano lo mejor de cada uno.

Paco Lara-Barranco