Juan Romero: El reencuentro con una forma inteligente de contar historias.

 

De nuevo en diciembre, en tiempos de encuentros y celebraciones, Birimbao trae a Sevilla obras —las más recientes— de Juan Romero.

Con el título de “Acechando las ideas”, se presentan cuadros de diverso formato, realizados en acrílico sobre tabla, lienzo o cartón y la nombrada “Totem indú” corresponde a una de sus famosas columnas en las que la pintura se hace tridimensional y el volumen sirve para contar la historia de forma distinta y no menos maravillosa.

Juan es uno de los autores importantes del panorama artístico español actual y junto a su coetáneo Luis Gordillo marca el esplendor de la creatividad artística sevillana del momento. Los dos comparten Paris como apertura y encuentro con lo desconocido y desde vivencias diferentes, ambos descubren en esa ciudad, su personal manera de expresarse y relacionarse con el mundo. El título elegido para la exposición, marca claramente la línea básica que el artista ha seguido al construir las obras que nos muestra. Desde la atalaya de su vida plena, Romero observa e inquiere la actualidad, transmitiendo con sus imágenes las ideas que conforman su tiempo y su existencia. Cada cuadro es un compendio de técnica, color, estudio, sensibilidad, cosmopolitismo y una muestra rotunda del magisterio que ejerce.

En la plenitud de su arte, Juan Romero se nos descubre como un contador gráfico de historias. De cada obra, hace una historia única que nunca terminaremos de aprehender y que nunca nos cansaremos de admirar. Su forma de entender la comunicación artística, nos recuerda la tradición oral de los “halakis” árabes y hebreos que fascinan con la palabra aún sin entender lo que nos dicen o nuestros contadores de romances que, a partir del siglo XV, con su manejo de la reiteración verbal y su rima característica, marcan el crimen o el misterio que relatan, manteniendo la atención del público que escucha. Así, entre los cuadros de la exposición, en “La Arlesiana”, palabra que en francés puede significar algo de lo que se habla, pero nadie ha visto ni verá, nos transmite ambiente de misterio al mismo tiempo que nos ofrece sin duda, un homenaje a Paul Gauguin y su estancia en la casa amarilla de Van Gogh, en Arlés, origen de la serie de dibujos y óleos que ambos crearon con la arlesiana Madame Ginoux, como modelo. El artista crea su particular manera de peinado y cofia arlesiana, valiéndose de colores y formas que enmarcan casi un boceto de cara femenina. Seguro que una corrida de toros en las Arenas de la ciudad, harían las delicias de nuestro maestro.

“Pensando en Plovdiv” es la visión de esa ciudad búlgara con sus características cúpulas construidas de la manera más “Romeril” para presentar la arquitectura y la luz recordada.

En “Pueblo en fiesta”, vemos un espacio atemporal con la geometría de sus edificios soñados y la realidad de una luminosidad, un sol y una flora mediterránea. La imaginación, la sensibilidad, la perfecta composición se hacen sencillas en su complejidad.

Es importante recordar que para Juan y para su compañera de tantos años Claudine Weiller, la pintura es una manera de ser, vivida como una aventura bajo cualquiera de las formas que quieran presentarse. Por eso en todos y cada uno de los cuadros que pueden verse, ahora y siempre, están la sabiduría y la experiencia acumuladas con el estudio, con el trabajo, de toda la vida: Los años sevillanos de Pérez Aguilera, los amigos, Madrid, Ortega Muñoz, Paris, el descubrimiento del grupo Cobra, Karel Appel, Jean Dubuffet, Paul Klee, Pánico, Joan Miró. La conexión de la abstracción y la figuración. La realidad y el sueño. Y siempre y en ello sigue: Acechando las ideas.

Alberto Hevia

Enlaces de interés: