Con la llegada de diciembre, la Galería Birimbao nos ofrece un tiempo para acercarse, contemplar, disfrutar y valorar una serie de trabajos realizados por Francisco Peinado (Málaga 1941), que confirman la solidez y veracidad de los conceptos que impulsan la labor creativa del artista siempre en evolución: desde sus comienzos hasta la presente actualidad.

 

Sostenía Fernando de Szyszlo, el extraordinario artista peruano muerto este verano, que: “la meta del pintor no es el cuadro, ni mucho menos la exposición; el cuadro es solamente el testimonio, el despojo que queda de la batalla por expresarse, por comunicar, por emplear la pintura como lo que es: un lenguaje”. El “lenguaje” de Peinado, no renuncia a presentar el sufrimiento, ni a transmitir la duda, marca con cada trazo, tanto el placer de los encuentros como su condición de solitario, además ahora nos transmite junto a lo anterior, una serenidad nueva, hecha color e imagen, manifestada casi subrepticiamente, pero no por ello de forma menos real, pacificadora y bella. Y siempre en cada obra: la experimentación apasionada, el decir profundo, un lenguaje personal y único.

 

Ha titulado la exposición, NAUTILUS, la conforman cuadros en su mayoría de pequeño tamaño, realizados en óleo y técnica mixta, todo sobre cartón. Nautilus es precisamente el nombre dado a una de las piezas de mayor tamaño 130×70 cm. Pensada como un gran cetáceo, de su base marina surgen telas de colores para construir el collage perfecto. Un entramado a manera de enrejado negro, cubre el fondo con focos de luz que iluminan el cuadro por completo y crean misterio. La potente luz central aclara el espacio. Por los ligeros y numerosos barrotes caen y se precipitan formas, entre insectos y homínidos características del autor. El ángel malo está en la cúspide. Alguien empuja en silla de ruedas a un discapacitado mientras un desnudo femenino observa atentamente. Completa el ambiente marino la botella del náufrago. Arropada en chaqueta festiva propicia sueños de galeones hundidos, tesoros perdidos, pinceladas maestras. Esas pinceladas con las que el artista modela su obra y construye su mundo. El Capitán Nemo, como cualquiera de nosotros, disfrutaría añadiendo el cuadro a la extraordinaria colección que guarda en el salón del submarino.

 

El resto de trabajos crean historias que interesan, resaltando el completo dominio de la composición y el libre uso del color.  A veces la gran cantidad de materia pictórica termina como en “Oro negro”, sugiriendo la tercera dimensión.

 

Personajes como “Goya” o “Agricultor” traen al recuerdo, variaciones de la obra expresionista de Edvard Munch, el pintor de las emociones que al igual que Peinado, hurgó en miedos, obsesiones y soledades de la Historia.

 

“La bañera”, es un juego erótico de agua y mampara retorcida. La actitud de la mujer parapetada tras unas gafas absurdas, favorece el enfrentamiento con el espectador que termina recogiendo en la esquina inferior del cuadro, el desagüe de la situación. Y las pinceladas cuadradas y los tonos ocres y los rojos y los grises-negros y el silencio.

 

Y está también el surrealismo presente, entre otros, en el “Elicotero” que hasta pierde algunas de sus letras de tanto giro y movimiento. Crítica a la tecnología e ironía ante la realidad compleja y muchas veces dolorosa que puede llegar en ocasiones a “sentirse”, como en “Gusano man” o “Vitamin geto”, radical y hasta sarcástica.

 

La muestra es una exhibición de creatividad. Desde ese punto, todo es perfecto. Derroche de construir, pintar, exteriorizar emociones y proyectos. Manejar conocimientos, usarlos con agilidad e inteligencia, valerse de ellos para enseñar a los que poco sabemos.

 

Alberto Hevia

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