Exposición Actual

Martínez Bellido

Flora

 

Del 11 de mayo al 11 de junio de 2022

Acercarse a la fotografía, como lo hace Martínez Bellido, es abrirse a un mundo de excepción. Un mundo en el cual el arte de la foto no radica sólo en la producción de la imagen, sino en los valores o significados que ésta puede transmitir. Es esta imagen, y su soporte único, lo que interesa y sobre lo que trabaja nuestro artista. Algo en línea con la postfotografía que propone Joan Fontcuberta cuando nos dice “Ya no se tiende a realizar una imagen desde cero, sino a trabajar con el contenido existente”. De ahí que Martínez Bellido busque, con constancia y con originalidad, salvar ciertos fenómenos fotográficos de la disolución y del olvido. Tarea imposible, porque como él muy bien comenta: “el papel amarillea y se degrada, la gelatina se craquela, la plata metálica se ioniza alcanzando la superficie de la película para convertirla en espejo, los colorantes se desvanecen desigualmente, el mecanismo de lectura de los discos duros se corrompe y su capa magnética se araña, los archivos sufren daños en su código. La exposición a la luz, la manipulación, la humedad, las variaciones drásticas de temperatura y la acción de determinados microorganismos, son los modos que tiene el tiempo de afectar las imágenes porque no existe soporte alguno ajeno a los cambios de la naturaleza”.

 

José Manuel, al escudriñar las fotografías con las que trabaja, empuja en cierta manera a acercarse en profundidad a la historia de la fotografía, buceando, por ejemplo, en lo que significó la “Nueva Objetividad” surgida en la República de Weimar, con fotógrafos míticos como Erich Salomon abriéndose a la “Instantánea” o el saber sobre Lewis Hine, Walker Evans, Albert Renger-Patzsch, o una aproximación al John Heartfield de los fotocollages dadaístas con su fuerte influencia sobre la faceta de fotomontador de Josep Renau. Recordemos en la España de los años cincuenta del siglo XX, a Gabriel Cualladó, intimista y sobrio, con un uso radical de la luz con contrastes muy acentuados en insólitos encuadres. Muchas de sus fotografías se han perdido, aunque a veces se puede encontrar alguna en “los jueves” de la calle Feria.

 

Desde tan amplia visión, el proyecto que presenta Birimbao se ajusta a recuperar y definir una imagen fotográfica total, permitiendo al observador acceder a la riqueza de todo el proceso necesario para conseguir la figura final. El artista, parte de un grupo de fotografías estereoscópicas de arboledas y zonas boscosas sobre las que han brotado multitud de hongos. Se puede ver, en algunas de ellas, un peculiar entramado de filamentos con resonancias vegetales. En ocasiones, el volumen de filamentos y microorganismos recuerda las imágenes que se observan en los microscopios de barrido que, tras el tratamiento conveniente de la muestra, proporciona información de las formas, textura y composición química de sus constituyentes al mismo tiempo que posibilita la reconstrucción tridimensional del volumen examinado. Bellas imágenes que miradas con detenimiento consiguen enriquecer el proceso fotográfico, aceptándolo como un todo del que a veces no es consciente completamente quien las mira. Lo mas interesante de cada una de las fotografías expuestas, reside en la riqueza de su expresión. Figuras con una dos o cuatro imágenes hablan de variaciones en los tonos de grises o negros que pueden abrirse a blancos sorprendentes. En una fotografía, existen formas de un bodegón extraño, con elementos mínimos componiendo todo un proceso de construcción y deconstrucción de hermosura evidente.

 

Un último recuerdo para Santiago Ramón y Cajal, muchos de cuyos experimentos e innovaciones en la fotografía permanecen ignorados. Perfeccionó los métodos heliocrómicos, hizo preciosas reproducciones directas de los colores en placas estereoscópicas. Fue el precursor del microfilm. En los años ochenta del siglo diecinueve, se hizo un autorretrato en un porta-objetos cubierto con una fina película de gelatino-bromuro argéntico. La imagen, de unos 2,5 mm de diámetro, sólo es observable al microscopio. Cuenta Don Santiago en “Recuerdos de mi vida. Mi infancia y juventud” como, con ocho años, a través de un castigo en el cuarto oscuro y con ratas: “descubro algo que en mi supina ignorancia creía completamente nuevo. Aludo a la cámara oscura, mal llamada de Porta, toda vez que su verdadero descubridor fue Leonardo da Vinci”. Curiosamente con el tiempo crearía maravillosos dibujos histológicos, comparables por su originalidad y perfección artística a los del propio Leonardo. Es conocida su implicación, junto con su mujer, en la fabricación de placas que permitían la consecución de fotografías instantáneas y sigue contando: “Ahora la fotografía supone para mí la posibilidad de recrear el pasado. Ante la copia que contemplan nuestros ojos, ese registro fugitivo de los recuerdos que es la fotografía, se convierte en copiosa biblioteca de imágenes, donde cada hoja representa una página de nuestra existencia. ¿No es verdad que la serie cronológica de fotografías de un sujeto parece realizar el ensueño de la reversibilidad de la vida, retrocediendo desde la decrepitud al nacimiento, desde el sepulcro a la cuna?”

 

Palabras con historia, para cerrar el interesante proyecto que José Manuel Martínez Bellido busca compartir con todos.

 

Alberto Hevia.

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