“Belo Horizonte” es el título con el que Manuel Garcés Blancart, agrupa un atractivo conjunto de pinturas construidas de manera que el color marca y el trazo configura formas, pertenecientes en su mayoría, a un personalísimo imaginario urbano con el que el artista trabaja desde hace tiempo y que ahora podemos ver, conocer, disfrutar, actualizar.  Las obras de diferentes tamaños, están realizadas unas, en acrílico sobre papel y otras en técnica mixta sobre lienzo.

 

El arte, busca reflejar en imágenes, la visión personal e interiorizada del creador siempre condicionada por sus experiencias más tempranas e inconscientes.  Nacer en Córdoba, vivir en Córdoba, es participar en una montaña de saberes acumulados a lo largo de milenios. Romanos, árabes, judíos, cristianos. Esa ruta del Barroco: Priego, Lucena, Cabra. Antonio del Castillo. Y tan cercano y determinante: Equipo Córdoba, Equipo 57. Revolución de geometría y color. En resumen: Espíritu científico e imaginación artística que apuntalan y enriquecen la creatividad de Garcés, con la que consigue en cada cuadro transformar los espacios y los objetos originados, ofreciéndolos distintos y a veces lejanos, pero siempre atrayentes.

 

Los campos cromáticos los construye Manuel, con ingenio y sutileza, marcando con frecuencia, reminiscencias expresionistas de los años tempranos del siglo XX. Los primeros tiempos del estadounidense Lyonel Feininger, Meidner, Kokoschka y sus respectivas visiones urbanas, se hacen veladamente presentes. En general destacan los azules, frecuentes verdes, diferentes tonalidades rojas, grises personales, menos amarillos y negros rotundos.

 

Planos y colores originan volúmenes que reivindican la geometría de los rectángulos y cuadrados de los que han surgido. En ocasiones, formas curvas, angulosas o descoyuntadas, ocupan espacios amplios, dando movilidad a árboles y ramas de paisajes que es posible hayan sido soñados.

 

Hay en su trabajo un claro componente de desasosiego.  El propio autor dice: “Al final, intento que el cuadro exprese un cierto aire de extrañamiento e incertidumbre”. Es un intento conseguido y seductor que puede convertirse en el rasgo más característico de Garcés y con el cual, su labor se va haciendo única, íntima, extraordinariamente sugerente.

 

Alberto Hevia